Por: Igor Fernandez
Muchas veces hemos oído la palabra asertividad; ser asertivos, comportarse de forma asertiva. ¿Pero qué significa esta palabra? Una de las definiciones que utilizamos es la siguiente:
Respetar y expresar aquello que necesitas, sientes y piensas y obrar en consecuencia, sin pasividad o agresividad.
A veces lo llamamos “saber decir las cosas” o en el otro extremo, “no dejarse avasallar”, y nos referimos normalmente a ser capaces de pedir lo que es nuestro, sin necesitar pasar por encima de nadie ni dejar de decir lo que realmente pensamos por miedo a la reacción. Habrá quien piense que estamos hablando de una postura egoísta, de soltar aquello que nos venga en gana y desentendernos de las consecuencias. Nada más lejos de su significado.
- Examinar los propios intereses y estimar en qué medida deben ser respetados. No es un capricho momentáneo, sino lo que realmente quiero.
- Observar la conducta específica del otro y determinar su estilo de comportamiento.
- Gestionar los sentimientos frente a los demás para no tener conductas agresivas o pasivas. Al saber cómo es quien tengo delante, puedo comprender cómo le va a sentar aquello que yo le diga.
- Ponerse en el lugar del otro y tratarlo asertivamente, aunque él no se comporte de igual manera. No entrando en juegos ni dinámicas que nos alejen de nuestro objetivo.
- Sentir autoestima, estar seguro de que lo queremos y nos lo merecemos.
Esto implica,
- Conciencia de la propia valía.
- Seguridad en uno mismo.
- Firmeza en las propias concepciones, sentimientos y pensamientos.
- Expresión del propio Yo.
- Establecer un buen contacto visual.
- Posición corporal relajada.
- Tono de voz claro y sostenido.
- Utilizar un vocabulario asertivo: “Yo pienso”, “Yo siento”, “Yo quiero”.
- Palabras de colaboración (“Vamos a ver”, “¿Cómo podemos resolver esto?”).
- Demostraciones de interés (“¿Qué piensas tú?”, “¿Qué ves?”).
